martes, 28 de marzo de 2017


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"Ser esposas
Las esposas, son seres humanos a los que nadie nunca les dio importancia, aunque han estado allí por los siglos de la historia.
Por allá un señor se divertía, se paseaba y cuando se cansaba, pues buscaba una jovencita para casarse con ella y hacerla madre de sus hijos. Por acá otro se matrimoniaba porque necesitaba quien le preparara la comida y le limpiara la casa. Aquí este decide que no quiere la soledad o que necesita ayuda para cuidar a su mamá viejita. Allí aquel decreta que ya es hora de sentar cabeza, de tener sexo seguro o no tenerlo, de ver televisión todas las noches y de que alguien le sirva la cena.

Hay quien se casa porque así se acostumbra y quien se casa porque tiene ganas y quien se casa para taparle el ojo a las habladurías y quien se casa sin darse cuenta cómo sucedió. Pero por angas o mangas, cuando los señores se casan, las esposas, convertidas de la noche a la mañana en la respetable señora de, se vuelven fantasmas que rondan por el hogar acomodándolo y arreglándolo, atendiendo y regañando a todo mundo y dándole su pleno significado a la palabra rutina."




"Hoy en día el modelo ideal de la familia perfecta, es el de los países ricos de Occidente, la supone compuesta de papá-mamá-hijo-hija-perro y perico, que asisten a la escuela y el trabajo y que habitan en su linda casa, rodeados de muchos objetos materiales. De acuerdo con este modelo, la familia es (y debe ser) un pequeño núcleo autosuficiente, que puede (y debe) resolver tanto las necesidades de la vida diaria de sus miembros como las contingencias que se presenten, y que además tiene la obligación (y la posibilidad) de hacerlos felices.


A este modelo ideal aspiran las personas y por conseguirlo se esfuerzan más allá incluso de sus posibilidades, reales, tanto materiales como emocionales. Aunque no cuenten con los recursos o con o aunque no tengan ganas, todo mundo querrá casarse y formar un hogar y una familia y en ellas "la primera aspiración es el afecto y el amor de la pareja", escribe Luis Leñero.
Pero allí empiezan los problemas. Porque en esa fantasía no entra para nada el conflicto, que es inevitable porque los seres humanos tienen problemas, formas de ser que no congenian, expectativas que los otros no pueden cumplir, carencias y deseos que no pueden satisfacer."


"Ser esposa no quiere decir estar juntos y apoyarse en las buenas y en las malas, como nos dicen en las epístolas por igual religiosas que laicas, sino significa aguantarlo todo, volverse jerga, dejar de existir, permanecer firme al lado del esposo sin importar lo que este haga o diga.
Que el señor no trajo dinero a casa, que metió a la mamá y a la hermana a vivir con la familia, que es borracho o violento, que desaparece días o hasta semanas, que es un blandengue, de todos modos la esposa aguanta.
Esa señora que en tiempos de vacas gordas se quedaba en casa sola mientras el marido iba y venía, es ahora la única que lo acompaña, la que sigue allí, la que lo visita en la cárcel. No sé si esa fidelidad conmueve o enoja, pero definitivamente sorprende.
"Ser esposa", El universal, 22 de julio de 2006"


Fragmento de "¿Somos mejores las mujeres?" de Sara Sefchovich

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