lunes, 27 de julio de 2015



"Tengo la horrible sensación de que pasa el tiempo y no hago nada, y nada acontece, y nada me conmueve hasta la raíz. Miro a Esteban y miro a Jaime y estoy segura de que ellos también se sienten desgraciados. A veces (no te enojes papá) también te miro a vos y pienso que no quisiera llegar a los cincuenta años y tener tu temple, tu equilibrio, sencillamente porque los encuentro chatos, gastados. Me siento con una gran disponibilidad de energía y no sé en qué emplearla, no sé qué hacer con ella. Creo que vos te resignaste a ser opaco y eso me parece horrible, porque yo sé que no sos opaco. Por lo menos no lo eras."

"Me sentía con impulso para empezar y llevar a cabo "algo grande", para ser útil a muchos, para enderezar las cosas. No puede decirse que fuera la mía una actitud cretinamente egocéntrica. Aunque me hubiera gustado recibir la aceptación y hasta el aplauso ajenos, creo que mi primer objetivo no era pesar de los otros sino serles de utilidad. Ya sé que esto no es caridad pura y cristiana, además, no me importa mucho el sentido cristino de la caridad. Recuerdo que yo no pretendía ayudar a los menesterosos, o a los tarados, o a los miserables (creo cada vez menos en la ayuda caóticamente distribuida). Mi intención era más modesta; sencillamente, ser utilidad para mis iguales, para quienes tenían un más compresible derecho a necesitar de mí. "

  "Usted tiene todas las condiciones para concurrir a mi felicidad, pero yo tengo muy pocas para concurrir a la suya."

"Si le dijera que lo que estoy buscando denodadamente es un acuerdo, una especie de convenio entre mi amor y su libertad."

"Pero en definitiva, ¿qué es Lo Nuestro? Por ahora, al menos, es una especia de complicidad frente a los otros, un secreto compartido, un pacto unilateral. Naturalmente, esto no es una aventura, ni un programa, ni -menos que menos- un noviazgo. Sin embargo, es algo más que una amistad."

"La teoría de ella, la gran teoría de su vida, al que la mantiene en vigor es que la felicidad, la verdadera felicidad, es un estado mucho menos angélico y hasta bastante menos agradable de lo que uno tiende siempre a soñar. Ella dice que la gente acaba por lo general sintiéndose desgraciada, nada más que por haber creído que la felicidad era una permanente sensación de indefinible bienestar, de gozoso éxtasis, de festival perpetuo. No, dice ella, la felicidad es bastante menos (o quizá bastante más, pero de todos modos otra cosa) y es seguro que muchos de esos presuntos desgraciados son en realidad felices, pero no se dan cuenta, no lo admiten, porque ellos creen que están muy lejos del máximo bienestar." 

"En las oficinas no hay amigos; hay tipos que se ven todos los días, que rabian juntos o separados, que hacen chistes y se los festejan, que se intercambian sus quejas y se transmiten sus rencores, que murmuran del Directorio en general y adulan a cada director en particular. Esto se llama convivencia pero sólo por espejismo la convivencia puede llegar a parecerse a la amistad."

"Hay algo atávico en la mujer que la lleva a defender la virginidad, a exigir y exigirse las máximas garantías para rodear su pérdida. Después, cuando una ya cayó, entonces se da cuenta de que todo era un mito, una vieja leyenda para cazar maridos. Por eso te digo que ahora no estoy segura de que el matrimonio sea nuestra mejor solución. Lo importante es que estemos unidos por algo: ese algo existe, ¿verdad que sí? Ahora bien, ¿no te parece más poderoso, más fuerte, más lindo que lo que nos una sea eso que verdaderamente existe, y no un simple trámite, el discurso ritual de un juez apurado y panzón?"


Fragmento de "La tregua" de Mario Benedetti.




"Acabó por botar la lágrima, sintiéndose más solo que un perro. No se cansó de considerar a mi mamá como el gran error (¡no amor!) de su vida. Que él hubiera seguido estudiando, que chance y hubiera conocido a una novia a su nivel con la que sí se hubiera casado formalmente, se hubiera recibido de algo y hubiera sido muy feliz. ¡Hubiera! Pero desgraciadamente mi mamá se le atraviesa y se preña de mí. No lo dijo así pero lo dio a entender. O sea que yo, con mi pinche desesperación por nacer vine a este globo terráqueo y le desbaraté sus planes. ¡Órale! Si de por sí mi autoestima siempre ha estado por los suelos, esa vez se hundió hasta el fondo de la Tierra."

"Mi mamá ya andaba con los dolores del parto y no contaba con una cobija siquiera para envolver al futuro ciudadano. Según los pronósticos de mi papá, era segurísimo que fuera niña, dado que con mi hermana y conmigo había errado la puntería de concebir un bebé a su imagen y semejanza, es decir, borracho y desobligado. Por eso mismo, y porque siempre fue muy desidioso, un día por no dejar le llevo a mi mamá unos retazos de manta para que hiciera unos pañales. No se le ocurrió que una mujer embarazada necesita la atención de un cuate vestido de blanco llamado médico y ser atendida en un edificio llamado sanatorio. Pensaba mi abusado papi que una mujer se alivia en cualquier rincón oscuro y telarañiento como las perras, como ya había sucedido cuando nacimos nosotras. Solo se preocupó de ir por la partera a las cuatro de la mañana, cuando mi mamá estaba al grito loco. y eso porque mi abuelita lo fue a sacar a medio chachalaco de la casa del Gordo y lo obligó a saldar el desliz que nueve meses atrás había cometido.
-¿Qué fue?-oí a mi papá
-Varón -oí a la partera
Oh, desilusión para mí. En cambio para mi papá fue como haberse sacado el premio mayor del Melate. Daba chicos saltotes de campeón olímpico.
Solo porque a la naturaleza se le antojó colgarle a mi hermanito unos huesos de aguacate, mi papá lo prefirió a nosotras, a las que la naturaleza gacha nos partió la madre al hacernos una alcancía allí abajo."

"Soy una mujer muy luchadora por las cosas en las que creo, 
aunque también tengo momento de profunda inseguridad,
de profunda tristeza"

Fragmento del libro "El ritual de la banda" de Fidencio González Montes.





"Al principio la invitaban a la calle a ver si mirando las palomas o viendo ir y venir a la gente, algo de ella volvía a dar muestras de apego a la vida.
Se había vuelto un árbol seco, iba para donde la llevaran y en cuanto podía se dejaba caer en la cama como si hubiera trabajado veinticuatro horas recogiendo algodón."

Fragmento de "Mujeres de ojos grandes" de Ángeles Mastretta

miércoles, 15 de julio de 2015




"Nora, una huérfana con una pierna torcida, vive en un mundo donde los “débiles” son dejados de lado. Desde el momento en que muere su madre, teme por su futuro hasta que es perdonada por el poderoso Consejo de Guardianes. La razón es que Nora tiene un don: sus dedos poseen la habilidad de bordar de manera extraordinaria. Supera con creces a la habilidad que mostraba su madre, por lo que se le encomienda una tarea que ningún otro miembro de la comunidad puede desarrollar. Mientras su talento la mantiene viva y le supone ciertos privilegios, se da cuenta que está rodeada de misterios y secretos. Nadie debe saber su intención de descubrir la verdad sobre su mundo, además de averiguar qué existe más allá de sus límites.

La libertad y seguridad, la dignidad, el poder, el trabajo, la jerarquización y la vida y la muerte son algunos de los muchos temas de esta magnífica novela de la afamada escritora Lois Lowry (Premio Newbery por 'El Dador'), que cautivará al joven lector, además de hacerle reflexionar sobre el mundo en que vivimos."

Sinopsis de "En busca del azul" de Louis Lowry



"Al conocer las palabras mordaces del hermano del hombre a quien amaba, se operó en ella una súbita transformación: con el bello rostro contraído por la ira y poseída por la más viva emoción, se encaramó sobre un montón de escudos de guerra recién terminados y desde aquel improvisado estrado, dirigió a sus alumnas una breve y encendida arenga: 

Tiene razón, está en lo justo Moctezuma cuando afirma que ya no hay hombres en Tenochtitlan. Si los hubiera, si de verdad existiesen, hace tiempo que Maxtla y su corte de sanguijuelas habrían dejado de enriquecerse a costa del trabajo de los aztecas. Pero se equivoca el valiente guerrero al creer que la sagrada ciudad no tiene de Huitzilopochtli no tiene ya quien la proteja, quien cuide de ella. Las mujeres sabremos defender a nuestros dioses, a nuestras casas y a nuestros cultivos, tomemos las armas de las manos de aquéllos que no han sabido utilizarlas y vayamos con Moctezuma, a organizar de inmediato la defensa de la ciudad."


"El gobernante que necesita protección cuando se encuentra entre su pueblo, no merece llamarse gobernante"

"Las reformas introducidas en materia de educación comenzaban ya a dar sus primeros frutos; en los centros de enseñanza se estaban formando seres dotados de una diferente y superior personalidad, poseedores de una firme voluntad y de un recio carácter, sinceramente interesados en dedicar su vida entera a la consecución de los más elevados ideales. La aplicación de intensiva y generalizada de los más antiguos métodos de enseñanza, producía una vez más magníficos resultados*.

*La prodigiosa capacidad de resurgimiento que caracterizara al mundo náhuatl -que en la época de los aztecas ya había sido objeto por lo menos de dos terribles devastaciones debido a las invasiones de pueblos bárbaros provenientes del norte- se explica en buena medida por los profundos y en verdad asombrosos sistemas de enseñanza que le eran propios, los cuales tenían como objetivo fomentar al máximo la potencialidad creativa de los educados, hasta lograr dotarlos, según poética expresión, "de un resto y un corazón". 

Guiado por el propósito de proporcionar al naciente Imperio una sólida estructura, Tlacaélel decidió llevar a cabo el restablecimiento de la antigua Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres. 

Esta Orden había sido en el pasado la base de sustentación de toda la organización social y política de los dos Imperios toltecas y el Portador del Emblema Sagrado deseaba que, en igual forma, constituyese la columna vertebral de la nueva sociedad azteca.

Los requisitos para ingresar como aspirante en la Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres eran de muy variada índole; en primer término, se requería haber concluido en forma destacada los estudios que se impartían e algunas de las instituciones de enseñanza superior; en segundo lugar, era preciso haber participado como guerrero en por lo menos tres campañas militares y haber dado muestras de una gran valentía; finalmente, se necesitaba la aprobación de las autoridades del Calpulli en cuya localidad se habitaba, las cuales debían avalar la buena conducta del solicitante y atestiguar que se trataba de una persona caracterizada por un manifiesto interés hacia los problemas de la comunidad. 

El otorgamiento del grado de Caballero tigre no constituía tan solo una especie de reconocimiento al hecho de que una persona había alcanzado una amplia cultura y un pleno dominio sobre sí mismo, sino que fundamentalmente representaba la aceptación de un compromiso ante la sociedad, en virtud del cual, los nuevos integrantes de la Orden se obligaban a dedicar todo su esfuerzo, conocimiento y entusiasmo, a la tarea de lograr el mejoramiento de la colectividad. 

Con la obtención del grado de Caballero Tigre se otorgaba al mismo tiempo la calidad de aspirante a Caballero Águila. Así como el Caballero Tigre era la representación del ser que es ya dueño de sí mismo y que se halla al servicio de sus semejantes, el Caballero Águila simboliza la conquista de la más elevada de las aspiraciones humanas: la superación del nivel ordinario de conciencia y la obtención de una alta espiritualidad. 

No existía -y no podía ser de otra forma- reglas fijas para el logro de tan alto objetivo. Aún cuando los principales esfuerzos de la Orden estaba dirigidos a prestar a sus miembros la máxima ayuda posible, alentándolos en su empeño y proporcionándoles los valiosos conocimientos de que era depositaria, la realización interior que se requería para llegar a ser un Caballero Águila era resultado de un esfuerzo puramente personal, alcanzable a través de muy diferentes caminos que cada aspirante debía escoger y recorrer por sí mismo, hasta lograr, meced a una larga esencia evidente, que llevase a la Orden a reconocer en él a el más venerable de los símbolos náhuatl: el águila -expresión del espíritu- había triunfado sobre la serpiente- representación de la materia*.

*Como es lógico suponer dadas las ingentes dificultades de la empresa, los Caballeros Tigres que llegaban a convertirse en Caballeros Águilas eran siempre muy escasos; sin embargo, a pesar de lo reducido de su número, la actividad de este pequeño grupo resultó trascendental a todo lo largo de la existencia de Imperio Azteca.

Los nuevos grupos que sía con día surgían y se desarrollaban en el seno de la sociedad azteca tendían en forma natural a vertebrarla y jerarquizarla. Tlacaélel juzgaba que si este proceso no era debidamente encauzado terminaría fatalmente por crear una sociedad de castas cerradas, celosas de sus diferentes prerrogativas, propensas a intentar medrar a costa de las demás y dispuestas a luchar entre sí por el mantenimiento de sus respectivos intereses. La importante función que la recién restablecida Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres estaba llamada a realizar requería, por lo tanto el desempeño de múltiples y complejas tareas, siendo una de ellas la de convertirse en la directora de la transformación social que estaba teniendo lugar en el pueblo tenochca y en guiar dicha transformación en tal forma que está se tradujese siempre en beneficio de toda la colectividad y no sólo de un pequeño grupo. El hecho de que los Caballeros Águilas y Tigres -que en poco tiempo habrían de ocupar todos los cargos de importancia en el Imperio- obtuviesen su grado no por recursos económicos, sino atendiendo exclusivamente a sus relevantes cualidades personales, garantizaba a un mismo tiempo que la conducción de los destinos del Imperio se hallaban en buenas manos y que el procedimiento adoptado para determinar a movilidad en el organismo social era el más apropiado para impulsar tanto la superación individual como el beneficio propio."

"Tlacaélel y Moctezuma decidieron consultar a Nezahualcóyotl acerca de las medidas que podrían adoptarse para evitar en el futuro otra inundación de tan graves consecuencias como la que estaba padeciendo la capital azteca. Tras de estudiar cuidadosamente el problema el rey de Texcoco presentó un audaz proyecto para lograr el control efectivo de todos los lagos existente en el Valle del Anáhuac. El proyecto en cuestión consistía en separar las aguas dulces de las saladas, canalizar el agua potable que brotaba en Chapultepec para llevarla a Tenochtitlan, y construir una vasta red de diques en todo el Valle que permitiese una regulación integral de las aguas, así como un adecuado aprovechamiento de éstas para fines agrícolas*.

*La vasta red de diques con que los aztecas habías logrado un perfecto control de los grandes volúmenes de agua existentes en los Lagos del Valle, fue para los españoles motivo de particular admiración. Durante el sitio de la Gran Tenochtitlan los diques quedaron inutilizables al ser perforados en incontables sitios con el fin de permitir la movilidad de los pequeños bergantines artillados utilizados por los conquistadores para cañonear la ciudad. La destrucción de los diques habría de convertirse en el origen de graves vicisitudes para la capital de la Nueva España, que en varias ocasiones padeció de terribles inundaciones. 
Tanto en la etapa Colonial como en el Porfiriato y en la Época Actual, se han venido realizando importantes obras de ingeniería -a un costo increíblemente elevado- tendientes a combatir la amenaza de las inundaciones que pende sobre la Ciudad de México; en todos los casos, el sistema utilizado para ello ha sido el de construir canales de superficie y profundos túneles a través de los cuales poder sacar el agua fuera del Valle. El empleo continuado de este procedimiento ha ocasionado un trastorno total en el equilibrio ecológico del Valle: los grandes lagos se han secado y de sus secos lechos de tierra se levantan insalubres polvaderas, una gran parte de la vegetación ha desaparecido, incluyendo vastas extensiones boscosas, el subsuelo se ha resecado provocando un incontenible hundimiento del terreno, numerosas especies de animales se han extinguido, e incluso el clima se ha visto alterado. 

Así pues, y con base en los hechos anteriormente mencionados, puede afirmarse que la solución que para resolver el problema de las inundaciones en el Valle de México adoptaron en su tiempo Nezahualcóyotl y los Aztecas, fue mucho más acertada e inteligente que las que posteriormente han venido aplicándose, con idéntico fin, a partir de entonces.

La unificación económica de muy diferentes regiones productivas que trajera consigo la incesante expansión del Imperio, había generado condiciones en extremo propicias para el desarrollo del comercio en alta escala, mismas que habían sido aprovechadas por un grupo de mercaderes aztecas, que teniendo como base al tradicional barrio comercial de Tlatelolco, habían extendido su red de operaciones a todos los territorios conquistados, obteniendo con ello cuantiosas ganancias. 

Ahora bien, el sistema educativo, así como la Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres, tendían a obtener una estructura social en la que la posición de cada persona se encontrase determinada por su grado de desarrollo espiritual. Dentro de este sistema se había negado hasta entonces cualquier posibilidad de progreso social o político a los mercaderes por considerar sus actividades mercantiles eran muy poco propicias para la realización de ideales elevados. En esta forma, todos aquellos que se dedicaban al comercio sabían que a pesar de que llegasen a poseer una considerable fortuna, jamás podrían ocupar un puesto público, ni gozar del respeto y la admiración de sus compatriotas."

"La frustrada revuelta de los mercaderes había hecho comprender a Tlacaélel que la política seguida hasta entonces en lo referente a la regulación de las actividades mercantiles se traduciría en constante fuente de conflictos en caso de no ser modificada, pues si bien era cierto que al mantener a los comerciantes en una posición de marcada inferioridad política y social, se evita toda posibilidad de que éstos pudiesen transformar los objetivos de carácter espiritual que normaban la conducta de la sociedad., sustituyéndolos por el simple afán de enriquecimiento personal que los caracterizaba, también lo era que los mercaderes jamás terminarían resignándose con la marginación de que eran objeto, y que valiéndose de las cuantiosas riquezas que poseían -derivadas del propiciado por la expansión del Imperio- intentarían una y otra vez cambiar este orden de cosas que les resultaba tan adverso. 

Después de reflexionar largamente sobre el problema, Tlacaélel llegó a la conclusión de que existían básicamente dos posibles soluciones.

La primera consistía en que las autoridades se hiciesen cargo íntegramente del desempeño de las actividades comerciales, realizando éstas por su propia cuenta y eliminando con ellos a los mercaderes independientes. Si bien una medida de esta índole resultaba al parecer la más apropiada. Tlacaélel estimó que de aplicarla se corría el riesgo de obligar al gobierno  a tener que prestar una excesiva atención a los asuntos de carácter mercantil, lo que a la larga acarrearía justamente el mal que trataba de evitar, osea el que consideraciones de carácter puramente comercial llegasen a ser las que determinasen la forma de actuar de las autoridades. Así pues, decidió intentar una segunda solución que si bien era evidentemente mucho más difícil, podía dar quizá mejores resultados: motivar a los mercaderes a que procediesen inspirados por los mismos ideales que normaban la conducta del resto de la población azteca. 

Para lograr lo anterior, se reorganizaron las antiguas corporaciones de comerciantes, adquiriendo a partir de entonces un marcado carácter teocrático-militar. El ejercicio del comercio dejó de ser tan sólo un medio para la adquisición de requisas y comenzó lentamente a convertirse en un valioso auxiliar del Gobierno Imperial*.

*A la llegada de los españoles los comerciantes aztecas ("pochtecas") habían adquirido ya una preeminente posición dentro de la sociedad tenochca, pues su figura se aproximaba en una buena medida al prototipo de "sacerdote militar" que constituía el ideal de esta sociedad: los comerciantes destacaban por su religiosidad, sabían convertirse en diestros guerreros cuando la ocasión lo requería, y proporcionaban a las Autoridades Imperiales la mayor parte de la información que éstas necesitaban de las poblaciones que proyectaban conquistar."


"La derrota de un pueblo, la pérdida de su fortaleza y poderío, no sobreviene nunca como resultado de fracasos ocurridos en los campos de batalla, es siempre consecuencia de la quiebra interior de su voluntad. Sólo está vencido quien admite estarlo." 


Fragmentos de "Tlacaélel, el azteca entre los aztecas" de Antonio Velasco Piña.
"-No se ha muerto. -Hizo una pausa-. Se ha casado, que si vamos a ver es peor."

"Pero este viaje, en primer lugar, no estaba a punto de terminar en absoluto, al contrario, estaba a penas comenzando, y a mí, en vez de desaliento, lo que me estaba entrando era pavor, un auténtico y vulgar ataque de pavor."






Fragmentos del libro "La última noche que pasé contigo" de Mayra Montero