martes, 28 de marzo de 2017














































En esta novela, Elman Trevizo presenta una entrañable trama en la que el suspenso, la ficción y la historia se conjugan para ofrecer una aproximación fresca y entretenida sobre una de las grandes leyendas de la historia mexicana: la vida y muerte del heroicoPancho Villa.





Al día siguiente de mudarse de casa, Coraline explora las catorce puertas de su nuevo hogar. Trece se pueden abrir con normalidad, pero la decimocuarta está cerrada y tapiada. Cuando por fin consigue abrirla, Coraline se encuentra con un pasadizo secreto que la conduce a otra casa tan parecida a la suya que resulta escalofriante.

Sin embargo, hay ciertas diferencias que llaman su atención: la comida es más rica, los juguetes son tan desconocidos como maravillosos y, sobre todo, hay otra madre y otro padre que quieren que Coraline se quede con ellos, se convierta en su hija y no se marche nunca. Pronto Coraline se da cuenta de que, tras los espejos, hay otros niños que han caído en la trampa. Son como almas perdidas, y ahora ella es su única esperanza de salvación. Pero para rescatarlos tendrá también que recuperar a sus verdaderos padres, y cumplir así el desafío que le permitirá volver a su vida anterior.





Los personajes que viven en esta singular piscina son músicos-adivinos, lectores desquiciados, profesores de música que por un crimen ven transformado su arrobamiento. Siete relatos que apuestan a la remembranza, a lo imprevisto, a las variables del amor y los límites de las pasiones, escritos con la habitual lucidez y originalidad de Juan Villoro, uno de los autores imprescindibles en la narrativa mexicana contemporánea. 




Todo en su vida gira alrededor de este deporte: la escuela, la familia, los amigos. En su casa no entienden muy bien por qué prefiere salir tarde del colegio y quedarse a los entrenamientos, o por qué le gusta tanto despertarse muy temprano los sábados para ir a los partidos.














La delincuencia crece diariamente, la guerra del narcotráfico invade poblaciones, ciudades e instituciones, la descomposición social afecta a todas las capas sociales y la impunidad es ley. Preocupada por este estado de alarma que prevalece en México, Sara Sefchovich elabora un análisis profundo sobre los orígenes, repercusiones y alcances de la delincuencia y la desigualdad social en nuestro país.

Apoyada en una extensa bibliografía, explica cómo se dan los fenómenos delictivos en México, qué opinan los políticos y juristas al respecto, cuál es la posición de los intelectuales y qué mecanismos de defensa ofrecen los gobiernos. Analiza el comportamiento de los criminales y sus estratos sociales, así como el origen y marcos de referencia familiares para culminar con una serie de propuestas orientadas a disminuir la delincuencia, mismas que van de la necesaria atención a los jóvenes a una nueva forma de conciencia familiar, basada en dar a las madres un papel protagónico en la educación y formación de buenos ciudadanos.



Después del genocidio de los insectores, Ender Wiggin desapareció y en su lugar surgió una voz poderosa: la nueva religión de los Portavoces de los Muertos, que sirven como sacerdotes a quienes no creen en ningún Dios y, sin embargo, creen en los valores de los seres humanos.



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"Ser esposas
Las esposas, son seres humanos a los que nadie nunca les dio importancia, aunque han estado allí por los siglos de la historia.
Por allá un señor se divertía, se paseaba y cuando se cansaba, pues buscaba una jovencita para casarse con ella y hacerla madre de sus hijos. Por acá otro se matrimoniaba porque necesitaba quien le preparara la comida y le limpiara la casa. Aquí este decide que no quiere la soledad o que necesita ayuda para cuidar a su mamá viejita. Allí aquel decreta que ya es hora de sentar cabeza, de tener sexo seguro o no tenerlo, de ver televisión todas las noches y de que alguien le sirva la cena.

Hay quien se casa porque así se acostumbra y quien se casa porque tiene ganas y quien se casa para taparle el ojo a las habladurías y quien se casa sin darse cuenta cómo sucedió. Pero por angas o mangas, cuando los señores se casan, las esposas, convertidas de la noche a la mañana en la respetable señora de, se vuelven fantasmas que rondan por el hogar acomodándolo y arreglándolo, atendiendo y regañando a todo mundo y dándole su pleno significado a la palabra rutina."




"Hoy en día el modelo ideal de la familia perfecta, es el de los países ricos de Occidente, la supone compuesta de papá-mamá-hijo-hija-perro y perico, que asisten a la escuela y el trabajo y que habitan en su linda casa, rodeados de muchos objetos materiales. De acuerdo con este modelo, la familia es (y debe ser) un pequeño núcleo autosuficiente, que puede (y debe) resolver tanto las necesidades de la vida diaria de sus miembros como las contingencias que se presenten, y que además tiene la obligación (y la posibilidad) de hacerlos felices.


A este modelo ideal aspiran las personas y por conseguirlo se esfuerzan más allá incluso de sus posibilidades, reales, tanto materiales como emocionales. Aunque no cuenten con los recursos o con o aunque no tengan ganas, todo mundo querrá casarse y formar un hogar y una familia y en ellas "la primera aspiración es el afecto y el amor de la pareja", escribe Luis Leñero.
Pero allí empiezan los problemas. Porque en esa fantasía no entra para nada el conflicto, que es inevitable porque los seres humanos tienen problemas, formas de ser que no congenian, expectativas que los otros no pueden cumplir, carencias y deseos que no pueden satisfacer."


"Ser esposa no quiere decir estar juntos y apoyarse en las buenas y en las malas, como nos dicen en las epístolas por igual religiosas que laicas, sino significa aguantarlo todo, volverse jerga, dejar de existir, permanecer firme al lado del esposo sin importar lo que este haga o diga.
Que el señor no trajo dinero a casa, que metió a la mamá y a la hermana a vivir con la familia, que es borracho o violento, que desaparece días o hasta semanas, que es un blandengue, de todos modos la esposa aguanta.
Esa señora que en tiempos de vacas gordas se quedaba en casa sola mientras el marido iba y venía, es ahora la única que lo acompaña, la que sigue allí, la que lo visita en la cárcel. No sé si esa fidelidad conmueve o enoja, pero definitivamente sorprende.
"Ser esposa", El universal, 22 de julio de 2006"


Fragmento de "¿Somos mejores las mujeres?" de Sara Sefchovich