viernes, 13 de enero de 2017
La piel de la Sierra Madre Occidental tiene sangre en sus poros. Todavía hay mapas rojos en la epidermis colectiva de sus habitantes. Hay dolor y gritos. Pueblos incendiados en la memoria, familias corriendo despaboridas, hombres robados, mutilados y muertos, mujeres de muchas edades sometidas a los abusos sexuales.
Los setenta fueron los años de la Operación Cóndor realizada por el Ejército Mexicano, a petición de los gobiernos estatales, aunque muchas de estas autoridades locales sólo dijeron, con una voz tenue, de resignación y tibieza, "pase usted".
La Sierra Madre Occidental es tierra de platíos de enervantes: amapola, preponderantemente, en décadas pasadas, como en los cuarenta -para su procesamiento y obtención de la goma de opio y heroína-, y también mariguana. La siembre y el tráfico de estupefacientes se inicio a principios del siglo 20, con la presencia de los chinos en importantes regiones del noroeste y norte del país. Las operaciones, control y tráfico, eran realizados por narcos, pero supeditados al control político de los jefes regionales de la "revolución". Las operaciones con drogas ilícitas formaban parte de las pugnas políticas entre el presidente de la República en turno y los mandos militares y gobernadores locales: todos querían tener el control y la gran tajada del negocio de las drogas.
Versiones de académicos refieren que durante la Segunda Guerra Mundial, al final de la primera mitad del siglo, autoridades de México y Estados Unidos pactaron la siembre de amapola en la zona montañosa de los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, por su clima propicio para éste y otros cultivos, para obtener goma de opio y elaborar morfina, y surtir de este poderoso analgésico a los soldados estadounidense que estaban en combate.
Ya en los sesenta y setenta, los productores locales de goma de opio, también llamada "adormindera", eran conocidos en en estas regiones del noreste como "gomeros" y mafiosos. Y en esa coyuntura habían dejado de estar bajo el mando de políticos y militares. Pero sí contaban con su complicidad. Ya eran socios.
Pero la siembra y tráfico de enervantes ya estaba propiciando enfrentamientos violentos entre bandas rivales. En las ciudades los enfrentamientos eran comunes y en algunos de estos años, a la década de los setenta, el número de muertos alcanzaba un promedio de 500 al año.
Las constantes matanzas y el descontrol en la siembra y venta, trajeron conflictos sociales y políticos a los gobiernos locales y de la federación. Con las presiones de Estados Unidos, que exigían a las autoridades mexicanas someter al narcotráfico, se diseñó e implementó en esta región la Operación Cóndor, en 1977: la primera y más fuerte estratégia del gobierno federal en contra del narcotráfico. 10 mil efectivos militares, apoyados por agentes de la entonces Polícia Judicial Federal, de la Procuraduría General de la República, un acto brutal, arbitrario e indiscriminado contra estas comunidades y sus habitantes.
El saldo de esta operación fue más que escandaloso. La Operación Cóndor, dijeron los jefes militares y políticos enquistados en el gobierno, fue un "éxito" porque lograron destruir alrededor de 15 millones 800 mil metros cuadrados de cultivos de amapola y mariguana, en los estados de Chihuahua, Durango y Sinaloa, que conforman el llamado Triángulo Dorado.
Cientos de personas fueron arrestadas, torturadas y consignadas ante el Ministerio Público. No eran grandes capos, jefes ni operadores. Su error fue haber estado ahí, en su casa, sus comunidades, junto con su esposa y sus hijos.
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