miércoles, 15 de julio de 2015



"Al conocer las palabras mordaces del hermano del hombre a quien amaba, se operó en ella una súbita transformación: con el bello rostro contraído por la ira y poseída por la más viva emoción, se encaramó sobre un montón de escudos de guerra recién terminados y desde aquel improvisado estrado, dirigió a sus alumnas una breve y encendida arenga: 

Tiene razón, está en lo justo Moctezuma cuando afirma que ya no hay hombres en Tenochtitlan. Si los hubiera, si de verdad existiesen, hace tiempo que Maxtla y su corte de sanguijuelas habrían dejado de enriquecerse a costa del trabajo de los aztecas. Pero se equivoca el valiente guerrero al creer que la sagrada ciudad no tiene de Huitzilopochtli no tiene ya quien la proteja, quien cuide de ella. Las mujeres sabremos defender a nuestros dioses, a nuestras casas y a nuestros cultivos, tomemos las armas de las manos de aquéllos que no han sabido utilizarlas y vayamos con Moctezuma, a organizar de inmediato la defensa de la ciudad."


"El gobernante que necesita protección cuando se encuentra entre su pueblo, no merece llamarse gobernante"

"Las reformas introducidas en materia de educación comenzaban ya a dar sus primeros frutos; en los centros de enseñanza se estaban formando seres dotados de una diferente y superior personalidad, poseedores de una firme voluntad y de un recio carácter, sinceramente interesados en dedicar su vida entera a la consecución de los más elevados ideales. La aplicación de intensiva y generalizada de los más antiguos métodos de enseñanza, producía una vez más magníficos resultados*.

*La prodigiosa capacidad de resurgimiento que caracterizara al mundo náhuatl -que en la época de los aztecas ya había sido objeto por lo menos de dos terribles devastaciones debido a las invasiones de pueblos bárbaros provenientes del norte- se explica en buena medida por los profundos y en verdad asombrosos sistemas de enseñanza que le eran propios, los cuales tenían como objetivo fomentar al máximo la potencialidad creativa de los educados, hasta lograr dotarlos, según poética expresión, "de un resto y un corazón". 

Guiado por el propósito de proporcionar al naciente Imperio una sólida estructura, Tlacaélel decidió llevar a cabo el restablecimiento de la antigua Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres. 

Esta Orden había sido en el pasado la base de sustentación de toda la organización social y política de los dos Imperios toltecas y el Portador del Emblema Sagrado deseaba que, en igual forma, constituyese la columna vertebral de la nueva sociedad azteca.

Los requisitos para ingresar como aspirante en la Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres eran de muy variada índole; en primer término, se requería haber concluido en forma destacada los estudios que se impartían e algunas de las instituciones de enseñanza superior; en segundo lugar, era preciso haber participado como guerrero en por lo menos tres campañas militares y haber dado muestras de una gran valentía; finalmente, se necesitaba la aprobación de las autoridades del Calpulli en cuya localidad se habitaba, las cuales debían avalar la buena conducta del solicitante y atestiguar que se trataba de una persona caracterizada por un manifiesto interés hacia los problemas de la comunidad. 

El otorgamiento del grado de Caballero tigre no constituía tan solo una especie de reconocimiento al hecho de que una persona había alcanzado una amplia cultura y un pleno dominio sobre sí mismo, sino que fundamentalmente representaba la aceptación de un compromiso ante la sociedad, en virtud del cual, los nuevos integrantes de la Orden se obligaban a dedicar todo su esfuerzo, conocimiento y entusiasmo, a la tarea de lograr el mejoramiento de la colectividad. 

Con la obtención del grado de Caballero Tigre se otorgaba al mismo tiempo la calidad de aspirante a Caballero Águila. Así como el Caballero Tigre era la representación del ser que es ya dueño de sí mismo y que se halla al servicio de sus semejantes, el Caballero Águila simboliza la conquista de la más elevada de las aspiraciones humanas: la superación del nivel ordinario de conciencia y la obtención de una alta espiritualidad. 

No existía -y no podía ser de otra forma- reglas fijas para el logro de tan alto objetivo. Aún cuando los principales esfuerzos de la Orden estaba dirigidos a prestar a sus miembros la máxima ayuda posible, alentándolos en su empeño y proporcionándoles los valiosos conocimientos de que era depositaria, la realización interior que se requería para llegar a ser un Caballero Águila era resultado de un esfuerzo puramente personal, alcanzable a través de muy diferentes caminos que cada aspirante debía escoger y recorrer por sí mismo, hasta lograr, meced a una larga esencia evidente, que llevase a la Orden a reconocer en él a el más venerable de los símbolos náhuatl: el águila -expresión del espíritu- había triunfado sobre la serpiente- representación de la materia*.

*Como es lógico suponer dadas las ingentes dificultades de la empresa, los Caballeros Tigres que llegaban a convertirse en Caballeros Águilas eran siempre muy escasos; sin embargo, a pesar de lo reducido de su número, la actividad de este pequeño grupo resultó trascendental a todo lo largo de la existencia de Imperio Azteca.

Los nuevos grupos que sía con día surgían y se desarrollaban en el seno de la sociedad azteca tendían en forma natural a vertebrarla y jerarquizarla. Tlacaélel juzgaba que si este proceso no era debidamente encauzado terminaría fatalmente por crear una sociedad de castas cerradas, celosas de sus diferentes prerrogativas, propensas a intentar medrar a costa de las demás y dispuestas a luchar entre sí por el mantenimiento de sus respectivos intereses. La importante función que la recién restablecida Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres estaba llamada a realizar requería, por lo tanto el desempeño de múltiples y complejas tareas, siendo una de ellas la de convertirse en la directora de la transformación social que estaba teniendo lugar en el pueblo tenochca y en guiar dicha transformación en tal forma que está se tradujese siempre en beneficio de toda la colectividad y no sólo de un pequeño grupo. El hecho de que los Caballeros Águilas y Tigres -que en poco tiempo habrían de ocupar todos los cargos de importancia en el Imperio- obtuviesen su grado no por recursos económicos, sino atendiendo exclusivamente a sus relevantes cualidades personales, garantizaba a un mismo tiempo que la conducción de los destinos del Imperio se hallaban en buenas manos y que el procedimiento adoptado para determinar a movilidad en el organismo social era el más apropiado para impulsar tanto la superación individual como el beneficio propio."

"Tlacaélel y Moctezuma decidieron consultar a Nezahualcóyotl acerca de las medidas que podrían adoptarse para evitar en el futuro otra inundación de tan graves consecuencias como la que estaba padeciendo la capital azteca. Tras de estudiar cuidadosamente el problema el rey de Texcoco presentó un audaz proyecto para lograr el control efectivo de todos los lagos existente en el Valle del Anáhuac. El proyecto en cuestión consistía en separar las aguas dulces de las saladas, canalizar el agua potable que brotaba en Chapultepec para llevarla a Tenochtitlan, y construir una vasta red de diques en todo el Valle que permitiese una regulación integral de las aguas, así como un adecuado aprovechamiento de éstas para fines agrícolas*.

*La vasta red de diques con que los aztecas habías logrado un perfecto control de los grandes volúmenes de agua existentes en los Lagos del Valle, fue para los españoles motivo de particular admiración. Durante el sitio de la Gran Tenochtitlan los diques quedaron inutilizables al ser perforados en incontables sitios con el fin de permitir la movilidad de los pequeños bergantines artillados utilizados por los conquistadores para cañonear la ciudad. La destrucción de los diques habría de convertirse en el origen de graves vicisitudes para la capital de la Nueva España, que en varias ocasiones padeció de terribles inundaciones. 
Tanto en la etapa Colonial como en el Porfiriato y en la Época Actual, se han venido realizando importantes obras de ingeniería -a un costo increíblemente elevado- tendientes a combatir la amenaza de las inundaciones que pende sobre la Ciudad de México; en todos los casos, el sistema utilizado para ello ha sido el de construir canales de superficie y profundos túneles a través de los cuales poder sacar el agua fuera del Valle. El empleo continuado de este procedimiento ha ocasionado un trastorno total en el equilibrio ecológico del Valle: los grandes lagos se han secado y de sus secos lechos de tierra se levantan insalubres polvaderas, una gran parte de la vegetación ha desaparecido, incluyendo vastas extensiones boscosas, el subsuelo se ha resecado provocando un incontenible hundimiento del terreno, numerosas especies de animales se han extinguido, e incluso el clima se ha visto alterado. 

Así pues, y con base en los hechos anteriormente mencionados, puede afirmarse que la solución que para resolver el problema de las inundaciones en el Valle de México adoptaron en su tiempo Nezahualcóyotl y los Aztecas, fue mucho más acertada e inteligente que las que posteriormente han venido aplicándose, con idéntico fin, a partir de entonces.

La unificación económica de muy diferentes regiones productivas que trajera consigo la incesante expansión del Imperio, había generado condiciones en extremo propicias para el desarrollo del comercio en alta escala, mismas que habían sido aprovechadas por un grupo de mercaderes aztecas, que teniendo como base al tradicional barrio comercial de Tlatelolco, habían extendido su red de operaciones a todos los territorios conquistados, obteniendo con ello cuantiosas ganancias. 

Ahora bien, el sistema educativo, así como la Orden de los Caballeros Águilas y Caballeros Tigres, tendían a obtener una estructura social en la que la posición de cada persona se encontrase determinada por su grado de desarrollo espiritual. Dentro de este sistema se había negado hasta entonces cualquier posibilidad de progreso social o político a los mercaderes por considerar sus actividades mercantiles eran muy poco propicias para la realización de ideales elevados. En esta forma, todos aquellos que se dedicaban al comercio sabían que a pesar de que llegasen a poseer una considerable fortuna, jamás podrían ocupar un puesto público, ni gozar del respeto y la admiración de sus compatriotas."

"La frustrada revuelta de los mercaderes había hecho comprender a Tlacaélel que la política seguida hasta entonces en lo referente a la regulación de las actividades mercantiles se traduciría en constante fuente de conflictos en caso de no ser modificada, pues si bien era cierto que al mantener a los comerciantes en una posición de marcada inferioridad política y social, se evita toda posibilidad de que éstos pudiesen transformar los objetivos de carácter espiritual que normaban la conducta de la sociedad., sustituyéndolos por el simple afán de enriquecimiento personal que los caracterizaba, también lo era que los mercaderes jamás terminarían resignándose con la marginación de que eran objeto, y que valiéndose de las cuantiosas riquezas que poseían -derivadas del propiciado por la expansión del Imperio- intentarían una y otra vez cambiar este orden de cosas que les resultaba tan adverso. 

Después de reflexionar largamente sobre el problema, Tlacaélel llegó a la conclusión de que existían básicamente dos posibles soluciones.

La primera consistía en que las autoridades se hiciesen cargo íntegramente del desempeño de las actividades comerciales, realizando éstas por su propia cuenta y eliminando con ellos a los mercaderes independientes. Si bien una medida de esta índole resultaba al parecer la más apropiada. Tlacaélel estimó que de aplicarla se corría el riesgo de obligar al gobierno  a tener que prestar una excesiva atención a los asuntos de carácter mercantil, lo que a la larga acarrearía justamente el mal que trataba de evitar, osea el que consideraciones de carácter puramente comercial llegasen a ser las que determinasen la forma de actuar de las autoridades. Así pues, decidió intentar una segunda solución que si bien era evidentemente mucho más difícil, podía dar quizá mejores resultados: motivar a los mercaderes a que procediesen inspirados por los mismos ideales que normaban la conducta del resto de la población azteca. 

Para lograr lo anterior, se reorganizaron las antiguas corporaciones de comerciantes, adquiriendo a partir de entonces un marcado carácter teocrático-militar. El ejercicio del comercio dejó de ser tan sólo un medio para la adquisición de requisas y comenzó lentamente a convertirse en un valioso auxiliar del Gobierno Imperial*.

*A la llegada de los españoles los comerciantes aztecas ("pochtecas") habían adquirido ya una preeminente posición dentro de la sociedad tenochca, pues su figura se aproximaba en una buena medida al prototipo de "sacerdote militar" que constituía el ideal de esta sociedad: los comerciantes destacaban por su religiosidad, sabían convertirse en diestros guerreros cuando la ocasión lo requería, y proporcionaban a las Autoridades Imperiales la mayor parte de la información que éstas necesitaban de las poblaciones que proyectaban conquistar."


"La derrota de un pueblo, la pérdida de su fortaleza y poderío, no sobreviene nunca como resultado de fracasos ocurridos en los campos de batalla, es siempre consecuencia de la quiebra interior de su voluntad. Sólo está vencido quien admite estarlo." 


Fragmentos de "Tlacaélel, el azteca entre los aztecas" de Antonio Velasco Piña.

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