lunes, 14 de diciembre de 2015







"Así estarías un rato más con quien era tu mujer desde treinta años antes y a quien sólo acaso hasta dos noches, en un hotel de San Luis Potosí, habías conmovido por primera vez, hecho que supusiste porque ella, tras un coito titubeante y espontáneo de tu parte -cargado con la reciente emoción padecida por ambos ante un espectáculo luminoso en una plaza de la ciudad-, te había besado un hombro sólo para limpiarte el rastro de una de las pocas lágrimas que esa noche arrancaste de su carnalidad luego de años de un matrimonio en el que la violencia y el escarnio impulsaba tu cadera hacia su cuerpo."


"Orgullosa de se mujer y saberse tan hermosa como fuerte y dueña de sus ideas, seguramente padecía en esos momento un remolino que en su cabeza le advertía no claudicar, no rendirse ante una mano que ella decidió amedrentar con su indiferencia."

Fragmento del libro "El hijo del coronel" de David Ojeda.

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