"Qué es un enemigo sino el reflejo de uno mismo.
Yo no pensaba tanto en el Hermano, pero como soy protagónico (lo sé), tendía a creer que él estaba obsesionado conmigo. Según (mi vanidad), mi rostro debiera ser lo primero que viera al abrir los ojos en la mañana; a partir de ese momento y hasta que se volvía a dormir en la noche, el Hermano sólo pensaba en maneras de consumar su venganza.
Yo no pensaba tanto en el Hermano, pero como soy protagónico (lo sé), tendía a creer que él estaba obsesionado conmigo. Según (mi vanidad), mi rostro debiera ser lo primero que viera al abrir los ojos en la mañana; a partir de ese momento y hasta que se volvía a dormir en la noche, el Hermano sólo pensaba en maneras de consumar su venganza.
Es claro que mi enemigo no era una persona elocuente. Me ha enviado una serie de amenazas escritas en pequeños trozos de papel. No firma las amenazas, pero reconozco su letra apretada llena de rencor.
He aquí una muestra de esas amenazas.
He aquí una muestra de esas amenazas.
"Cruz, cruz, que se vaya Jesús."
"Clavo, clavo, clavo."
"Botellita de jerez, todo lo que digas..."
"Si resucitas, te vuelvo a matar."
"Clavo, clavo, clavo."
"Botellita de jerez, todo lo que digas..."
"Si resucitas, te vuelvo a matar."
Me imagino (mi vanidad) que incluso dormido, el Hermano piensa en formas de matarme."
Fragmento de "Aparta de mí este cáliz" de Luis Humberto Crosthwaite.

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