domingo, 5 de abril de 2015




"Es lunes por la mañana, seis semanas después de que mi esposa y yo nos hayamos enterado de que está embarazada de nuestro primer hijo, y estoy parado en un semáforo. El chaval no tiene ninguna oportunidad. Es un truco. Conozco a este Dios; sé cómo actúa. Mi mujer tendrá un aborto, o el niño morirá en el parto, o mi esposa morirá en el parto, o los dos morirán en el parto, o ninguno de los dos morirá en el parto y yo pensaré que ha pasado el peligro, y cuando salgamos del hospital y los lleve a casa chocaremos de frente con un conductor borracho y los dos, mi mujer y mi hijo, morirán en urgencias al final del mismo pasillo donde estaba la habitación en la que minutos antes estábamos tan felices y vivos y llenos de esperanza.
Eso sería tan típico de Dios."

"Intentaba no se demasiado optimista. No sabía qué me estaba preparando Dios, per estaba seguro de que me estaba tendiendo una trampa para romperme el corazón. Probablemente Orli estaba casada. Probablemente un tumor cerebral inoperable. Probablemente tenía pene.

Unas semanas después fuimos a un partido de los New York Rangers, donde se pasó un buen rato chillándole "CHUPAPOLLAS" al árbitro, mientras yo, que me había enamorado, estaba seguro de que el disco de hockey rebotaría contra uno de los postes de la portería, saldría disparado hacía la tribuna y le golpearía con fuerza en la X invisible que el Todopoderoso había dibujado entre los ojos de mi amada. Eso seria tan típico de Dios."

"Querido Dios:
Por favor, y no lo mates a mi hijo durante el parto. Tampoco mates a mi mujer durante el parto. Y no lo mates después del parto. Y por favor que nazca sano, y no jodas y le hagas parecer enfermo solo para asustar. Sé que probablemente estás cabreado conmigo, pero yo también estoy cabreado conTigo, así pues, que quede entre nosotros. 
Gracias. S."


Fragmentos del libro "Lamentaciones de un prepucio" de Shalom Auslander. 

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