"Porque hay una desesperada necesidad, casi diría una obligación, de marcar al otro, a la otra, aunque sea con los dientes, y aunque alguno de éstos sea postizo. Dejar una marca propia es cosa de vida o muerte, o de muerte solamente, porque la intensión subterránea es traspasar la muerte, es seguir existiendo después del fin. Y a esos efectos tanto sirve la existencia de un hijo como la de una cicatriz. Después de todo, también el hijo es una cicatriz. Buena definición para proponer a la Academia. Hijo: cicatriz del amor."
"Él le cuenta todo, le pormenoriza los capítulos en que estuvo dividido el día. Sobre eso no hay duda: es sincero con ella. Porque le cuneta cosas feas, cosas sucias, cosas terribles. Como si supiera que el amor de ella es capaz de aceptar ese lado negro de su ser, esa zona del diablo que nunca muestra a
nadie totalmente. "
“Y para estar total, completa, absolutamente enamorado, hay que tener conciencia de que uno también es querido, de que uno también inspira amor.”
"Además, y a esta altura, ¿quién no tiene culpa?, ¿Quien puede vivir en este país, en este mundo, en este tiempo, de acuerdo a sus principios, a sus normas, a su moral, cuando en realidad son otros quienes dictan los principios, la moral y las normas? Además, esos otros no consultan a nadie. Todos estamos mezclados con todos. Nadie es químicamente puro. El marxista trabaja, por ejemplo, en un Banco. El católico fornica sin pensar en la reproducción de la especie, o haciendo lo posible por evitarla. El vegetariano convicto come resignadamente su churrasco. El anarquista recibe sueldo del Estado. ¿Quién puede vivir las veinticuatro horas del día, en todo de acuerdo con su Dios, su conciencia, su fanatismo o su credo?. Nobody."
"El sexo es el único sucedáneo de la imposible felicidad, ésta que solo alcanzan los moluscos; el sexo es el único que da, por instantánea que sea, la sensación de plenitud. Pero Rosario no es sólo sexo. Más aún, creo que para mi Rosario fue sexo con más derecho, más potencia, más naturalidad: Me refiero sólo a eso: sexo. Dolores es sexo y algo más. Y sólo ese algo más convierte lo sexual en el deleite torturado, condenado y urgente, que viene a ser el amor, ya que hay que nombrarlo de algún modo. Precisamente porque su cuerpo no es exuberante, sino más bien desvalido, precisamente porque no tiene senos imbatibles, avasalladores y contundentes como los de la secretaria, sino dos pechitos pálidos y mínimos, casi pretúberes, cada uno de los cuales cabe cómodamente en una mano, precisamente por eso me conmueve y me convierte en un ser increíblemente tierno, ignorado hasta ahora por mí. De ahí la tremenda satisfacción sexual que me brindó la sola unión con Dolores, sea, sobre todo, un derivado de aquella conmoción previa. Me mira, y su mirada no es de sexo sino de vida; sonríe y su sonrisa no es de sexo sino de hondura, tristeza, palpable socorro. Pero su mirada y su sonrisa, al recorrerme, estrujan mi corazón, lo aceleran, lo lanzan, y una vez que mi corazón es lanzado a querer , a urgir, a necesitar, somete al sexo, y éste pasa a proceder como mera filial orgánica y sus modos de amor dejan de ser los propios para convertirse en subsidiarios de los modos de amor del corazón. Osea que mi tipo sexual puede ser, por ejemplo, una mujer de piernas bien torneadas, pelo oscuro, ojos verdes, manos afiladas, caderas tangibles, pero cuando la mirada y la sonrisa decisivas me alcanzan y fulminan, el resto ya no importa, y a partir de ese instante mi sexo se hallará satisfecho en la asunción de ese cuerpo que me miró y sonrió, aunque los mínimos detalles (manos, piernas, cabello, ojos, caderas) no correspondan a los de mi tipo."
Fragmentos de “Gracias por el fuego” de Mario Benedetti.

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